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TODO CID

4 Oct

Muchachada de 1ºB de la Bachillerato.

Tal y como hemos comentado en clase, el Cantar o Poema de mío Cid es la primera gran obra de la historia de la literatura en lengua castellana. En ella se cuentan las circunstancias por las que pasa este personaje histórico desde su destierro de Castilla para recuperar el favor del rey y las sucesivas pérdidas y recuperaciones del honor que vive. A lo largo de los siglos, la figura del Cid Campeador ha trascendido los límites de la historia y de las fronteras nacionales hasta convertirse en un personaje mítico, a la altura del rey Arturo o del Caballero Rolando. Veamos quién era realmente este personaje histórico:

el_cid_campeadorRodrigo Díaz de Vivar (Vivar, 1048 – Valencia, 1099) es un personaje real que vivió durante la segunda mitad del s. XI. Pertenecía a la baja nobleza y se convirtió en modelo de virtudes para los castellanos. En su juventud sirvió al rey Sancho II de Castilla, hasta que éste fue asesinado por Vellido Dolfos en el cerco de Zamora. Después pasó a trabajar para su sucesor, Alfonso VI. Muchos historiadores afirman que el episodio de la jura de Santa Gadea no existió, pero lo cierto es que sus relaciones con el nuevo rey no fueron buenas . En 1074 se casó con Doña Jimena, con la que tuvo tres hijos: Diego, María y Cristina. En su primer destierro (1081-1086) trabajó al servicio de los reyes taifas de Zaragoza, que eran musulmanes. Tras una breve reconciliación con Alfonso VI que duró apenas dos años  (1086-1087) sufrió un segundo y definitivo destierro desde el año 1088 hasta su muerte. En este último periodo de su vida, su mayor logro fue la conquista de Valencia en el año 1094, tras la que consolidó la posición de su familia al casar a sus hijas con nobles de Navarra y de Cataluña. Su tumba y la de Doña Jimena se encuentran en la catedral de Burgos.

Es bastante conocida la la leyenda de que ganó una batalla después de muerto. Se dice que sus soldados colocaron el cadáver sobre un caballo y su sola presencia provocó pánico entre las tropas árabes que rodeaban Valencia para reconquistarla y que salieron huyendo al contemplar el cuerpo del Campeador.

El Cantar es una obra que ha influido en toda la literatura posterior, con recreaciones como “Las mocedades del Cid”, de Guillén de Castro, que se centra en la infancia y juventud de Don Rodrigo e incluso una obra de teatro muy importante en Francia (Le Cid, de Pierre Corneille).

Su figura ha inspirado desde CANCIONES (Legendario, de Tierra Santa). Atentos a la LETRA

…hasta PELÍCULAS (El Cid de Anthony Mann (1961) con Charlton Heston como protagonista)…

…e incluso series de DIBUJOS ANIMADOS  (Ruy, el pequeño Cid)… -aquí va la prometida canción-:

Además, junto a la reina Isabel de Castilla, fueron las dos figuras históricas más recurrentes y emblemáticas durante la dictadura de Franco (1939-1975) por su simbología de fuerza, conquista y expulsión de los musulmanes.

Más de 900 años después de su muerte, el Cid sigue siendo noticia. En 2007 la Junta de Castilla y León compró la espada Tizona a un marqués por 1.600.000 euros. El Ministerio de Cultura denunció que la espada que se había comprado no era la verdadera y que fue fabricada 400 años después de la muerte del Cid. Y después, para complicar aún más el caso, los herederos del marqués se enzarzaron en un pleito judicial para determinar a quién correspondía el dinero cobrado.

Mapa del Camino del Cid

Por otro lado, la figura de este caballero castellano también ha inspirado una ruta viajera que lleva su nombre: el CAMINO DEL CID  y que recorre los lugares por los que pasó en su destierro y que se mencionan en el Cantar. Es una ruta de 2.000 kilómetros que cruza las provincias de Burgos, Soria, Guadalajara, Zaragoza, Teruel, Castellón, Valencia, y Alicante. El recorrido repasa aquellos lugares que visitó Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, y que fueron recogidos en el manuscrito del Cantar del Mío Cid.

Finalmente, aquí tenéis una interesante página web sobre el VIII CENTENARIO de la fecha del manuscrito del Cantar, que se celebró en 2007. En este sentido resulta bastante llamativo que muchos de los pueblos vinculados a Don Rodrigo llevan como segundo nombre “del Cid”: Vivar del Cid (Burgos), La Iglesuela del Cid (Teruel), Llucena del Cid (Castellón)…

Para más información complementaria podéis visitar este enlace de AQUÍ.

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Quevedo: río y pedo

11 Jun

Buenas muchachada,

he aquí una par de muestras de la poesía satírica de Quevedo.

El primero es un poema dedicado al río Manzanares, hazmerreír de cuantos literatos han pasado por Madrid por su escaso caudal y ridículo cauce. El segundo es una exhibición de escatología con verdadero estilo, aunque a veces pueda resultar algo facilón o infantil, resulta un verdadero ejercicio de ingenio. En definitiva, un poema que para nada es una mierda (con perdón).

MANZANARES

Manzanares, Manzanares,
arroyo aprendiz de río,
platicante del Jarama,
buena pesca de maridos;
tú que gozas, tú que ves,
en verano y en estío,
las viejas en cueros muertos,
las mozas en cueros vivos;
así derretidas canas
de las chollas de los riscos,
remozándose los puertos,
den a tu flaqueza pistos.

Pues conoces mi secreto,
que me digas, como amigo,
qué género de Sirenas
corta tus lazos de vidrio.

Muy ético de corriente,
muy angosto y muy roído,
con dos charcos por muletas,
en pie se levantó y dijo:
“Tiéneme del Sol la llama
tan chupado y tan sorbido,
que se me mueren de sed
las ranas y los mosquitos.
Yo soy el río avariento
que, en estos infiernos frito,
una gota de agua sola,
para remojarme pido.
Estos, pues, andrajos de agua
que en las arenas mendigo,
a poder de candelillas,
con trabajo los orino.
Hácenme de sus pecados
confesor, y en este sitio
las pantorrillas malparen;
cuerpos se acusan postizos.
Entre mentiras de corcho
y embelecos de vestidos,
la mujer casi se queda
a las orillas en lío”.

________________________________________

POEMA AL PEDO

Alguien me preguntó un día
¿Qué es un pedo?
y yo le contesté muy quedo:
el pedo es un pedo,
con cuerpo de aire y corazón de viento
el pedo es como un alma en pena
que a veces sopla, que a veces truena
es como el agua que se desliza
con mucha fuerza, con mucha prisa.

El pedo es como la nube que va volando
y por donde pasa va fumigando,
el pedo es vida, el pedo es muerte
y tiene algo que nos divierte;
el pedo gime, el pedo llora
el pedo es aire, el pedo es ruido
y a veces sale por un descuido
el pedo es fuerte, es imponente
pues se los tira toda la gente.

En este mundo un pedo es vida
porque hasta el Papa bien se lo tira
hay pedos cultos e ignorantes
los hay adultos, también infantes,
hay pedos gordos, hay pedos flacos,
según el diámetro de los tacos
hay pedos tristes, los hay risueños
según el gusto que tiene el dueño.
Si un día algún pedo toca tu puerta
no se la cierres, déjala abierta
deja que sople, deja que gire
a ver si hay alguien que lo respire.
También los pedos son educados
pues se los tiran los licenciados,
el pedo tiene algo monstruoso
pues si lo aguantas te lleva al pozo
este poema se ha terminado
con tanto pedo que me he tirado.

Quevedo vs Góngora

10 Jun

Estudiantes de 3º de la ESO.

Hemos seguido con interés los combates literarios entre Quevedo y Góngora. Sabido es que no se soportaban y que su rivalidad iba más allá de lo poético, llegando hasta lo personal. Quizá os interese saber cómo acabó la historia entre ambos.

Góngora era 19 años mayor que Quevedo, por lo que pertenecía a una generación anterior. En este sentido parece explicarse la rivalidad de Quevedo hacia él más allá de sus distintas ideas sobre la poesía, en un empeño por diferenciarse y romper con un poeta brillante y de mayor edad.

Lo cierto es que ambos coincidieron por primera vez en Valladolid. La Corte se había establecido en esta ciudad siguiendo al rey Felipe III. Esto hizo que muchos personajes del mundo de la cultura y las artes se mudaran allí en busca del favor del monarca y sus colaboradores. Dos de estas ilustres personalidades fueron el cordobés Don Luis de Góngora y Don Francisco de Quevedo, que vieron por las calles de esta ciudad como comenzaba una de las rivalidades mas sonadas de la historia.

Quevedo llegó a la ciudad para estudiar en la Universidad de Valladolid; tenía apenas 20 años y  su fama comenzó a crecer como escritor y “poeta” de la corte. También comenzó a tener cierta relevancia en la vida política. Poco tiempo después, en 1603, Don Luis de Góngora, que había sobrepasado los 40 años de edad, se trasladó a Valladolid siguiendo a la Corte en busca de mejor fortuna. Seguramente fue allí donde se conocieron personalmente.

En la capital castellana y en forma de hojas sueltas y copias manuscritas circularon los primeros poemas de Quevedo, que imitaban o parodiaban los de Luis de Góngora. El motivo eran los celos profesionales, ya que pretendía la fama que Góngora ya tenía. Comenzó así un intercambio de letrillas y poemas satíricos, que buscaban ridiculizar al rival. Si uno escribía unos versos, el otro respondía aún con más saña que el anterior, y así letrilla tras letrilla dejaron un gran legado de poesía satírica y burlesca forjada en el insulto y el desagravio mutuo, convirtiéndose en enemigos íntimos y necesitándose en uno al otro para crear los mejores versos.

La vuelta de la Corte a Madrid, hace que Quevedo se mude a esta ciudad en 1606 y que resida allí hasta 1611 entregado a las letras. Años después de abandonar Valladolid, concretamente en 1610, Góngora decide dar un giro a su obra poética. Así abandona los poemas de metro corto y carácter satírico-burlesco y desarrolla el culteranismo en poemas mayores que ocasionaron una gran convulsión en el mundo de la cultura y un considerable escándalo debido a la gran oscuridad y difícil comprensión de su poesía. El caso es que su figura se revistió de aún mayor prestigio, hasta el punto de que Felipe III le nombró capellán real en 1617. Para desempeñar tal cargo, vivió en la Corte hasta 1626, arruinándose para conseguir cargos y prebendas a casi todos sus familiares; al año siguiente, en 1627, perdida la memoria, marchó a Córdoba, donde murió de una apoplejía en medio de una extrema pobreza.

Quevedo le sobreviviría 18 años, pero su fortuna a la hora de medrar en la Corte y obtener cargos y honores no fue mucho mayor. Hacia 1610 estrecha una gran amistad con el Duque de Osuna, al que acompañará como secretario a Italia en 1613, desempeñando diversas comisiones para él que le llevaron a Niza, Venecia y finalmente de vuelta a Madrid, donde se integrará en el entorno del Duque de Lerma, siempre con el propósito de
conseguir que su amigo el Duque de Osuna fuera nombrado virrey de Nápoles, lo que logrará en 1616. Durante unos años acompaña al Duque en su cargo, pero su protector cae en desgracia y en 1620 es desterrado. La llegada al trono de Felipe IV, alimenta las esperanzas de Quevedo, que viaja con el monarca y llega a ser nombrado secretario del rey. Sin embargo en 1639 su enfrentamiento con el valido del rey, el Conde-Duque de Olivares llega al punto máximo al escribir unas letrillas que denuncia la forma de ejercer el cargo del valido. El resultado es un destierro inmediato, la confiscación de sus bienes y un alejamiento definitivo de la Corte que le llevará a buscar refugio en Loeches (Madrid) y finalmente a dos pueblos manchegos: la Torre de de Juan Abad y Villanueva de los Infantes (Ciudad Real), donde fallece en 1645.

Un buen ejemplo de a qué extremo llegó el odio entre ambos personajes es que ambos intentaron hundirse mutuamente en sus vidas privadas: así Quevedo compró la casa (situada en el barrio de las Letras de Madrid) donde vivía arruinado Góngora para  darse el gustazo de echarlo a la calle, lo que ocurrió hacia 1620.

Pero la inquina no acabó ni incluso después de la muerte de Góngora en 1627, pues Quevedo dejó en los siguientes versos constancia de la rivalidad que había ido forjándose con los años de odio.

Este que, en negra tumba, rodeado
de luces, yace muerto y condenado,
vendió el alma y el cuerpo por dinero,
y aun muerto es garitero;
y allí donde le veis, está sin muelas,
pidiendo que le saquen de las velas.
 
Ordenado de quínolas estaba,
pues desde prima a nona las rezaba;
sacerdote de Venus y de Baco,
caca en los versos y en garito Caco.
La sotana traía
por sota, más que no por clerecía.
 
Hombre en quien la limpieza fue tan poca
(no tocando a su cepa),
que nunca, que yo sepa,
se le cayó la mierda de la boca.
Éste a la jerigonza quitó el nombre,
pues después que escribió cíclopemente,
la llama jerigóngora la gente.
Clérigo, al fin, de devoción tan brava,
que, en lugar de rezar, brujuleaba;
tan hecho a tablajero el mentecato,
que hasta su salvación metió a barato.
 
Vivió en la ley del juego,
y murió en la del naipe, loco y ciego;
y porque su talento conociesen,
en lugar de mandar que se dijesen
por él misas rezadas,
mandó que le dijesen las trocadas.
Y si estuviera en penas, imagino,
de su tahúr infame desatino,
si se lo preguntaran,
que deseara más que le sacaran,
cargado de tizones y cadenas,
del naipe, que de penas.
Fuese con Satanás, culto y pelado:
¡mirad si Satanás es desdichado!

De Quevedo a Góngora

9 Jun

Saludos, muchachada de 3º de la ESO.

Como hemos comentado en clase, los dos poetas más importantes del Siglo de Oro son Quevedo y Góngora. Ambos lideraron dos corrientes poéticas (Conceptismo y Culteranismo, respectivamente) menos antagónicas de lo que podrían parecer.

Pero también han pasado a la historia por la famosa enemistad que les enfrentaba, convirtiéndoles en rivales y enemigos en el plano literario y personal. En su ataque al otro, si hay algo que dominan es el arte de insultar.  Inteligentes, brillantes, con un dominio apabullante de la lengua , tenían ambos  un carácter hosco y desagradable que les llevó  a protagonizar una de las disputas poéticas más duras y famosas de la historia de la Literatura.

Así, mediante poesías cada uno se dedicaba a atacar al otro. Comencemos por Quevedo, un maestro en el ingenio a la hora de insultar y burlarse. En el siguiente poema, Quevedo se ríe de Góngora y nos enseña cómo, siguiendo sus instrucciones, podemos acabar escribiendo como Góngora en un solo día:

Aguja de navegar cultos con la receta para hacer “Soledades” en un día, y es probada.

Quien quisiere ser Góngora en un día
la jeri (aprenderá) gonza siguiente:
fulgores, arrogar, joven, presiente,
candor, construye, métrica, armonía;
poco, mucho, si, no, purpuracía,
neutralidad, conculca, erige, mente,
pulsa, ostenta, librar, adolescente,
señas, traslada, pira, frustra, harpía.
Cede, impide, cisuras, petulante,
palestra, liba, meta, argento, alterna,
si bien, disuelve, émulo, canoro.
Use mucho de líquido y de errante,
su poco de nocturno y de caverna,
anden listos livor, adunco y poro;
que ya toda Castilla con sola esta cartilla
se abrasa de poetas babilones,
escribiendo sonetos confusiones;
y en la Mancha pastores y gañanes,
atestadas de ajos las barrigas,
hacen ya soledades como migas.
 

Por otro lado, hay que destacar que Quevedo era antisemita (lo que significa que odiaba a los judíos) y siempre acusaba a Góngora de ser de origen judío por su enorme nariz, un rasgo físico que solía atribuirse a personas de esta etnia y religión.

Yo te untaré mis obras con tocino
porque no me las muerdas, Gongorilla,
perro de los ingenios de Castilla,
docto en pullas, cual mozo de camino;
apenas hombre, sacerdote indino,
que aprendiste sin cristus la cartilla;
chocarrero de Córdoba y Sevilla,
y en la Corte bufón a lo divino.
¿Por qué censuras tú la lengua griega
siendo sólo rabí de la judía,
cosa que tu nariz aun no lo niega?
No escribas versos más, por vida mía;
aunque aquesto de escribas se te pega,
por tener de sayón la rebeldía.
 

El incansable Quevedo prosigue con sus burlas contra el estilo culterano. Ahora se ríe de los cultismos léxicos  y de los neologismos o palabras nuevas que inventa Góngora en su búsqueda de la dificultad y la belleza. Recordad que el cultismo léxico es un préstamo de una lengua culta, en nuestro caso del latín o del griego, que durante un periodo más o menos largo funciona como neologismo.

¿Qué captas, noturnal, en tus canciones,
Góngora bobo, con crepusculallas,
si cuando anhelas más garcivolallas,
las reptilizas más y subterpones?
Microcósmote Dios de inquiridiones,
y quieres te investiguen por medallas
como priscos, estigmas o antiguallas,
por desitinerar vates tirones.
Tu forasteridad es tan eximia,
que te ha de detractar el que te rumia,
pues ructas viscerable cacoquimia,
farmacofolorando como numia,
si estomacabundancia das tan nimia,
metamorfoseando el arcadumia.
  

Y no podíamos culminar esta entrada sin recordar el famosísimo soneto A una nariz, dedicado, cómo no, a su archienemigo Góngora, al que, como he dicho antes, acusaba de ser judío.

A una nariz

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.
Era un reloj de sol mal encarado,
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado.
Érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
las doce Tribus de narices era.
Érase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera
que en la cara de Anás fuera delito

En el siguiente poema, Quevedo vuelve a atizar a Góngora centrando sus ataques en dos de las características de la vida que llevaba su rival: su religiosidad y sus problemas con el juego. Precisamente, con los “tantos” se refiere a los puntos que haces jugando a las cartas, y es que Góngora era un apasionado de la baraja española, pero en aquella época era un mal vicio relacionado con ladrones y gente de mal vivir, donde una persona decente podía llegar a perder mucho dinero.

Tantos años, y tantos todo el día,
menos hombre, más Dios, Góngora hermano.
No altar, garito sí; poco cristiano,
mucho tahúr, no clérigo, sí arpía.

Alzar, no a Dios: extraña clerecía.
Misal apenas, naipe cotidiano;
sacar lengua y barato, viejo y vano,
son sus misas, no templo y sacristía.
Los que güelen tu musa y tus emplastos,
cuando en canas y arrugas te amortajas,
tal epitafio dan a tu locura:

“Yace aquí el capellán del rey de bastos,
que en Córdoba nació, murió en Barajas
y en las Pintas le dieron sepultura.

Por último, un poema más cuyo título deja clara la intención de Quevedo al escribirlo. El maestro del Conceptismo se burla aquí, muy crudamente, de la forma de escribir de Góngora que utiliza términos muy rebuscados para decir cosas muy sencillas y muestra en este poema cómo Góngora hablaría del “culo”, con perdón:

Contra Don Luis de Góngora
 
Este cíclope, no siciliano,
del microcosmo sí, orbe postrero;
esta antípoda faz, cuyo hemisferio
zona divide en término italiano;
este círculo vivo en todo plano;
este que, siendo solamente cero,
le multiplica y parte por entero
todo buen abaquista veneciano;
el minoculo sí, mas ciego vulto;
el resquicio barbado de melenas;
esta cima del vicio y del insulto;
éste, en quien hoy los pedos son sirenas,
éste es el culo, en Góngora y en culto,
que un bujarrón le conociera apenas.

De Góngora a Quevedo

8 Jun

Saludos, muchachada de 3º de la ESO.

Como hemos comentado en clase, los dos poetas más importantes del Siglo de Oro son Quevedo y Góngora. Ambos lideraron dos corrientes poéticas (Conceptismo y Culteranismo, respectivamente) menos antagónicas de lo que podrían parecer.

Pero también han pasado a la historia por la famosa enemistad que les enfrentaba, convirtiéndoles en rivales y enemigos en el plano literario y personal. En su ataque al otro si hay algo que dominan, es el arte de insultar. Inteligentes, brillantes, con un dominio apabullante de la lengua , tenían ambos  un carácter hosco y desagradable que les llevó  a protagonizar una de las disputas poéticas más duras y famosas de la historia de la Literatura.

Para abrir boca, unos versillos del poeta cordobés en el que, sin mencionarlo explícitamente, se refiere a su archienemigo Quevedo argumentando que como es un mal poeta, se mete con él para medrar y conseguir una fama que no merece. 

Musa que sopla y no inspira
y sabe que es lo traidor
poner los dedos mejor
en mi bolsa que en su lira,
no es de Apolo, que es mentira.

Habla ahora don Luis de Góngora. Si Quevedo se reía de la nariz del poeta culterano, Góngora se burla en la siguiente poesía de los pies zambos de Quevedo, que hacían que anduviera cojeando, y de sus gafas, los famosos “quevedos”:

Anacreonte español, no hay quien os tope,
Que no diga con mucha cortesía,
Que ya que vuestros pies son de elegía,
Que vuestras suavidades son de arrope.
¿No imitaréis al terenciano Lope,
Que al de Belerofonte cada día
Sobre zuecos de cómica poesía
Se calza espuelas, y le da un galope?
Con cuidado especial vuestros antojos
Dicen que quieren traducir al griego,
No habiéndolo mirado vuestros ojos.
Prestádselos un rato a mi ojo ciego,
Porque a luz saque ciertos versos flojos,
Y entenderéis cualquier gregüesco luego.
 

Pero la inquina de don Luis no fue sólo hacia Quevedo, también sus ataques se dirigieron al escritor más exitoso del momento: Lope de Vega. De hecho Góngora difundió una breve letrilla en la que acusa a ambos poetas de borrachos planteando un juego de palabras con sus apellidos:

Hoy hacen amistad nueva,
más por Baco que por febo,
don Francisco de Quebebo
y don Félix Lope de Beba.

Y ahora un último poema atribuido a Góngora que tiene un destinatario claro.

A don Francisco de Quevedo

Cierto poeta, en forma peregrina
cuanto devota, se metió a romero,
con quien pudiera bien todo barbero
lavar la más llagada disciplina.
Era su benditísima esclavina,
en cuanto suya, de un hermoso cuero,
su báculo timón del más zorrero
bajel, que desde el Faro de Cecina
a Brindis, sin hacer agua, navega.
Este sin landre claudicante Roque,
de una venera justamente vano,
que en oro engasta, santa insignia,
aloque, a San Trago camina, donde llega:
que tanto anda el cojo como el sano.

Canon de belleza y carpe diem

13 May

Buenas, muchachada de 3º de la ESO.

Como hemos comentado en clase, el canon de belleza del Renacimiento (s. XVI) era muy peculiar y se prolongó hasta el Barroco. El principal modelo en forma de imagen puede apreciarse en el cuadro de El nacimiento de Venus, de Boticelli.

Las características del canon de belleza femenina de los siglos XVI y XVII son bien conocidas: piel muy blanca, sonrosada en las mejillas, cabello muy rubio y largo, frente despejada, ojos grandes y claros; hombros estrechos, como la cintura; caderas y estómagos redondeados; manos delgadas y pequeñas en señal de elegancia y delicadeza; los pies delgados y proporcionados; dedos largos y finos; cuello largo y delgado; cadera levemente marcada; senos pequeños, firmes y torneados; labios y mejillas rojos o sonrosados.

Según parece, en esta época tan solo usaban maquillaje como el colorete y el carmín para lograr los tonos rosas de la cara. Aunque donde sí encontramos diferencias con épocas anteriores es en el vestido ya que es bastante más lujoso. En muchos poemas de la época se nombran y comparan los rasgos físicos de la mujer con elementos de la naturaleza. Además, en numerosas ocasiones, este modelo de belleza es tratado a partir del tópico latino “carpe diem” (aprovecha el momento), que exhorta a disfrutar de la vida durante la juventud, antes de que la vejez haga mella en el cuerpo. Veamos un par de sonetos muy conocidos que se centran en esta cuestión.

Soneto XXIII. Garcilaso de la Vega

En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;

y en tanto que el cabello, que en la vena     
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado      
cubra de nieve la hermosa cumbre;

marchitará la rosa el viento helado.
Todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.

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Mientras por competir…  Luis de Góngora

Mientras por competir con tu cabello,
oro bruñido al sol relumbra en vano;
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;

mientras a cada labio, por cogello.                  
siguen más ojos que al clavel temprano;
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello:

goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada                 
oro, lilio, clavel, cristal luciente,

no sólo en plata o vïola troncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

G-27: Semblanzas

6 Mar

Hola, muchachada de 4ºB:

Añado los enlaces de las breves semblanzas biográficas de seis de los escritores de la generación del 27 realizadas por Jesús Marchamalo para el Centro Virtual Cervantes. Son jugosos y minimalistas bocados biográficos de estos autores.

  1. RAFAEL ALBERTI
  2. VICENTE ALEIXANDRE
  3. LUIS CERNUDA
  4. GERARDO DIEGO
  5. FEDERICO GARCÍA LORCA
  6. PEDRO SALINAS
  7. JORGE GUILLÉN

¡Qué los disfrutéis!

Un saludo.

Jesús