Canon de belleza y carpe diem

13 May

Buenas, muchachada de 3º de la ESO.

Como hemos comentado en clase, el canon de belleza del Renacimiento (s. XVI) era muy peculiar y se prolongó hasta el Barroco. El principal modelo en forma de imagen puede apreciarse en el cuadro de El nacimiento de Venus, de Boticelli.

Las características del canon de belleza femenina de los siglos XVI y XVII son bien conocidas: piel muy blanca, sonrosada en las mejillas, cabello muy rubio y largo, frente despejada, ojos grandes y claros; hombros estrechos, como la cintura; caderas y estómagos redondeados; manos delgadas y pequeñas en señal de elegancia y delicadeza; los pies delgados y proporcionados; dedos largos y finos; cuello largo y delgado; cadera levemente marcada; senos pequeños, firmes y torneados; labios y mejillas rojos o sonrosados.

Según parece, en esta época tan solo usaban maquillaje como el colorete y el carmín para lograr los tonos rosas de la cara. Aunque donde sí encontramos diferencias con épocas anteriores es en el vestido ya que es bastante más lujoso. En muchos poemas de la época se nombran y comparan los rasgos físicos de la mujer con elementos de la naturaleza. Además, en numerosas ocasiones, este modelo de belleza es tratado a partir del tópico latino “carpe diem” (aprovecha el momento), que exhorta a disfrutar de la vida durante la juventud, antes de que la vejez haga mella en el cuerpo. Veamos un par de sonetos muy conocidos que se centran en esta cuestión.

Soneto XXIII. Garcilaso de la Vega

En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;

y en tanto que el cabello, que en la vena     
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado      
cubra de nieve la hermosa cumbre;

marchitará la rosa el viento helado.
Todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.

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Mientras por competir…  Luis de Góngora

Mientras por competir con tu cabello,
oro bruñido al sol relumbra en vano;
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;

mientras a cada labio, por cogello.                  
siguen más ojos que al clavel temprano;
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello:

goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada                 
oro, lilio, clavel, cristal luciente,

no sólo en plata o vïola troncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

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