De Góngora a Quevedo

8 Jun

Saludos, muchachada de 3º de la ESO.

Como hemos comentado en clase, los dos poetas más importantes del Siglo de Oro son Quevedo y Góngora. Ambos lideraron dos corrientes poéticas (Conceptismo y Culteranismo, respectivamente) menos antagónicas de lo que podrían parecer.

Pero también han pasado a la historia por la famosa enemistad que les enfrentaba, convirtiéndoles en rivales y enemigos en el plano literario y personal. En su ataque al otro si hay algo que dominan, es el arte de insultar. Inteligentes, brillantes, con un dominio apabullante de la lengua , tenían ambos  un carácter hosco y desagradable que les llevó  a protagonizar una de las disputas poéticas más duras y famosas de la historia de la Literatura.

Para abrir boca, unos versillos del poeta cordobés en el que, sin mencionarlo explícitamente, se refiere a su archienemigo Quevedo argumentando que como es un mal poeta, se mete con él para medrar y conseguir una fama que no merece. 

Musa que sopla y no inspira
y sabe que es lo traidor
poner los dedos mejor
en mi bolsa que en su lira,
no es de Apolo, que es mentira.

Habla ahora don Luis de Góngora. Si Quevedo se reía de la nariz del poeta culterano, Góngora se burla en la siguiente poesía de los pies zambos de Quevedo, que hacían que anduviera cojeando, y de sus gafas, los famosos “quevedos”:

Anacreonte español, no hay quien os tope,
Que no diga con mucha cortesía,
Que ya que vuestros pies son de elegía,
Que vuestras suavidades son de arrope.
¿No imitaréis al terenciano Lope,
Que al de Belerofonte cada día
Sobre zuecos de cómica poesía
Se calza espuelas, y le da un galope?
Con cuidado especial vuestros antojos
Dicen que quieren traducir al griego,
No habiéndolo mirado vuestros ojos.
Prestádselos un rato a mi ojo ciego,
Porque a luz saque ciertos versos flojos,
Y entenderéis cualquier gregüesco luego.
 

Pero la inquina de don Luis no fue sólo hacia Quevedo, también sus ataques se dirigieron al escritor más exitoso del momento: Lope de Vega. De hecho Góngora difundió una breve letrilla en la que acusa a ambos poetas de borrachos planteando un juego de palabras con sus apellidos:

Hoy hacen amistad nueva,
más por Baco que por febo,
don Francisco de Quebebo
y don Félix Lope de Beba.

Y ahora un último poema atribuido a Góngora que tiene un destinatario claro.

A don Francisco de Quevedo

Cierto poeta, en forma peregrina
cuanto devota, se metió a romero,
con quien pudiera bien todo barbero
lavar la más llagada disciplina.
Era su benditísima esclavina,
en cuanto suya, de un hermoso cuero,
su báculo timón del más zorrero
bajel, que desde el Faro de Cecina
a Brindis, sin hacer agua, navega.
Este sin landre claudicante Roque,
de una venera justamente vano,
que en oro engasta, santa insignia,
aloque, a San Trago camina, donde llega:
que tanto anda el cojo como el sano.
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