Consejos para redactar bien

3 Oct


Buenas, muchachada.

Como suelo decir en clase: «A escribir solo se aprende escribiendo». Esto es lo que explica que los que están habituados, que no son la mayoría, lo hagan más eficazmente que el resto. Y nos guste más o menos, lo cierto es que la comunicación escrita sigue siendo un medio muy eficaz y habitual en nuestra vida diaria (un correo electrónico, una reclamación, un examen…). Recordad que poner algo por escrito es una necesidad, que la claridad evita ambigüedades y que, como decían los romanos: “verba volant, scripta manent” (las palabras vuelan, lo escrito permanece).

La escritura es una combinación de dos elementos: el contenido (qué decimos) y la forma (cómo lo decimos). Para ello hay que tener siempre en cuenta la intención de nuestro texto y todos los elementos que forman parte del proceso comunicativo (receptor, contexto-situación, canal, registro…). Recuerda que el ideal de la escritura debe ser lograr un texto sencillo, natural y correcto. Por desgracia, es relativamente habitual que fosilicemos defectos y errores más o menos gruesos que podrían solucionarse fácilmente con un repaso y una corrección final antes de entregar/mandar/fijar el texto de forma definitiva.

 1) No hagas frases del tamaño de párrafos… ¡Pausas!

Un error muy extendido es pensar que escribir en un estilo formal está relacionado con construir frases bastante largas. El punto y seguido es una herramienta fundamental para que el lector te acompañe cómodamente en la lectura de tu texto y entienda lo que quieres decir. Conviene empezar con frases breves e irlas alargando a medida que vayas ganando confianza con los nexos coordinados y subordinados.

 2) No hagas párrafos del tamaño de una frase… ¡Mini-párrafos NO!

Para abrir un nuevo párrafo hay que tener una razón poderosa, debe ser obvio que introducimos un aspecto nuevo, que hay un salto en la información, lo que marcaremos con un punto y aparte. Abusar del número de párrafos en un texto es dar una idea pobre de nuestra capacidad de estructurar. En este sentido, conviene lograr un equilibrio en el número de párrafos (por ejemplo, para 20 o 25 líneas, tres párrafos pueden estar bien). Recuerda: ni párrafos de una sola frase, ni textos-ladrillo de un solo párrafo.

 3) No me digas lo que ya sé… ¡Concisión y pertinencia!

Tópicos y obviedades fuera. Claro que todas y todos estamos en contra del hambre en el mundo, claro que las nuevas tecnologías son importantes… Escribir bien supone decir lo suficiente para que se nos entienda y no decir lo que el lector/a ya sabe. La lectura nos hace capaces de deducir mucho con lo que se nos da de texto y nos aburre soberanamente cuando creemos que el que escribe nos toma por tontos y nos repite y aclara lo que ya sabemos. La regla de oro es omisión y elipsis, para lo que conviene tener bien claro lo que queremos decir y no divagar.

4) No me lo pongas difícil… ¡Fluidez y cohesión!

Todos preferimos leer un texto a una sucesión de telegramas. En este sentido resulta clave la introducción de conjunciones, conectores y marcadores discursivos que enlacen unos párrafos con otros, para asegurar la progresión temática del texto (esa dosificación y crecimiento de información que mantiene el interés de los lectores). Este tipo de mecanismos estructuran el texto y guían la lectura.

5) No digas lo que no entiendes… ¡Sin muletillas y con paracaídas!

Un vocabulario pobre, vago o repetitivo causa mala impresión; al respecto, uno de los errores más habituales es abusar de las palabras comodín, de las llamadas “muletillas” (Ejemplos habituales son “cosas”, “hacer” “decir”, “tener”…). Me refiero a esos términos que sirven casi para cualquier contexto, pero que empobrecen el discurso pese a que podrían sustituirse por otras palabras más precisas.

Sin embargo, mucho peor es usar palabras de modo incorrecto. Jamás utilices una expresión o vocablo de cuyo significado no estés seguro, te estás jugando hacer el mayor de los ridículos. En estas situaciones es preferible buscar un sinónimo y esquivar lo que nos puede llevar a error utilizando una “palabra paracaídas”.

 6) No me seas vulgar… ¡Corrección y adecuación!

Los vulgarismos son expresiones que se desvían de la norma estándar y que tienen poco prestigio entre los que se supone que hablan bien. Debemos desterrarlos de los textos escritos, pues son aún más incorrectos. Alglunos de los vulgarismos más frecuentes son el laísmo, el dequeísmo, el gerundio de posterioridad (“Presentó los presupuestos recibiendo numerosas críticas”), oraciones con verbo en infinitivo (“Por último, decir que…”), utilizar “el mismo” como pronombre (“El anuncio incluía una foto del coche con las características del mismo”), usar incorrectamente artículo + cual/es (“Valle-Inclán es un escritor el cual se caracteriza por sus esperpentos”), etc.

 7) No confundas puntos y comas… ¡Acuérdate de la puntuación!

En un texto bien escrito, la puntuación es transparente y el lector ni la nota. Las comas y los puntos no se “esparraman”, sino que la idea es que encajen perfectamente en las pausas internas de una oración y con las modulaciones de voz que el lector espera. A estas alturas ya habrás comprobado que la puntuación no es algo natural y automático, sino que exige conocimiento y atención. Un texto mal puntuado no solo causa una pésima impresión, sino que a menudo no se entiende y empuja al lector/a a abandonar su lectura. La regla de oro es que leas tu texto fijándote en la entonación. Si llegas a una pausa y el tono de tu voz se eleva, ahí va una coma. Si el tono baja, un punto. ¡Ah! y no te olvides de emplear el resto de signos de puntuación (puntos suspensivos, punto y coma, comillas, interrogación, exclamación…)

 8) No seas vago… ¡La pasadita de repaso!

Nadie puede permitirse entregar un texto sin antes revisarlo. Da igual si es un correo electrónico, un examen o una reclamación: repasa y corrige los errores como si tú fueras el lector/a al que va dirigido el texto. Ten en cuenta los diferentes tipos de errores que puedes encontrarte y subsánalos para la mejora última de lo redactado. De menor a mayor importancia son:

  • Tipográficos: errores al escribir en el teclado o al comerte una letra involuntariamente.
  • Ortográficos: hablarán muy mal de ti, aunque no sean un problema para la comprensión del texto.
  • De puntuación: agotan e irritan al lector/a al exigirle puntuar él mismo a la vez que lee.
  • De expresión: repeticiones, incoherencias, cambios de sujeto, ausencia de un verbo conjugado, vulgarismos…

Si los cometes, tienes todas las papeletas para que el lector/a abandone la lectura.

COROLARIO: para romper las normas hay que conocerlas

Todo esto puede parecer banal y obvio a quien ya escribe bien. Es más, lo cierto es que para escribir muy bien hay que saber despreciar estas y otras pautas, romperlas, y ser libres y dueños/as de un estilo propio. La mala noticia es que esto solo está al alcance de grandes escritores y escritoras (que, por lo general, han escrito mucho y bien); por ello, si violan una norma, suele ser porque la conocen bien y porque tienen una buena razón (intencional, estilística…). En realidad, la única norma válida que los y las grandes de las letras tienen es que son conscientes del impacto que causan en quien los lee. Por eso, cuando escribas no olvides que: «Si tú gobiernas, si tú dominas y manejas la herramienta y el discurso, lo demás no importa».

Entrada basada y adaptada de “8 errores que debes evitar al escribir” de Juan Torralba
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: