Antología de microrrelatos

11 Ago

Hola, muchachada.

Recientemente se han publicado en España diversas antologías que repasan el recorrido del microrrelato en nuestra literatura y recopilan algunas de las mejores piezas. Entre ellas destacan Antología del microrrelato español (1906-2011) (Ed. de Irene Andrés-Suárez. Cátedra, 2012) y Por favor, sea breve (Ed. de Clara Obligado. Páginas de espuma, 2011). Os dejo a continuación una selección de algunos de los más interesantes:

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TRASPLANTE. Beatriz Martínez Manzanares.

Mi corazón te espera, es lo único que queda de mí, estoy dentro de otra. Búscame.

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TODA UNA VIDA. Beatriz Pérez Montero

Lo vio pasar en un vagón del metro y supo que era el hombre de su vida. Imaginó hablar, cenar, ir al cine, yacer, vivir con él. Dejó de interesarle.

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VERITAS ODIUM PARIT (La verdad engendra el odio). Marco Denevi

Traedme el caballo más veloz, pidió el hombre honrado. Acabo de decirle la verdad al rey.

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AMENAZAS. William Ospina

— Te devoraré— dijo la pantera.

— Peor para ti— dijo la espada.

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LA LECHERA PRAGMÁTICA. Irene Brea

De camino al mercado, la lechera sólo pensaba en las ganas que tenía de beber la fresquísima leche del cántaro. Pero logró resistirse, y al llegar le dieron una suma exorbitante por la mercancía. Ello hizo que, en adelante, no soñara lo que habría soñado si el cántaro se hubiera roto.

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UN ESPEJO EN EL DESIERTO. Jean Claude Carrière

El poeta persa que llamamos Rumi cuenta, en el Masnavi, la historia de un hombre de horrible fealdad que atravesó a pie el desierto.Vio algo que brillaba en la arena. Era un trozo de espejo. El hombre se agachó, cogió el espejo y lo miró. Nunca antes había visto un espejo.

—¡Qué horror!— exclamó—. ¡No me extraña que lo hayan tirado!

Tiró el espejo y prosiguió su camino.

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LA OUIJA. Fernando Iwasaki

Siempre me advirtieron que no moviera la copa y jamás les hice caso. Yo recorría las letras del tablero y me tronchaba cuando veía sus caras descompuestas, cuando escuchaba sus respiraciones entrecortadas, cuando sentía de pronto la caricia helada de mis manos.

Una noche partí la copa y cundió el pánico. Quise decirles que había sido yo, pero ya era demasiado tarde. Sin embargo, no se quedaron en casa ni hubo que clausurar aquella habitación como hizo mamá la última vez. Se fueron como almas cargadas por el diablo y yo hasta ahora les echo de menos.

Los nuevos inquilinos nunca juegan con el tablero, y a mí me da vergüenza mover las cosas sin que me llamen.

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DULCE COMPAÑÍA. Fernando Iwasaki

No quería castigar al niño, pero fue inevitable. No sólo mintió sino que además me amenazó. Desde entonces está raro. No habla, no juega y no quiere que lo bese. Me da miedo cómo mira, la forma en que come, las cosas que canta. Esta mañana salí al jardín y en un paquetito que estaba junto a unas velas negras encontré uñas cortadas, sobras de comida y una foto carné mía. No he querido llamarle la atención de nuevo, pero lleva encerrado en su cuarto desde anoche. He subido las escaleras y he sentido escalofríos, un olor extraño y unas sombras huidizas. El niño habla con alguien y sigue cantando esas canciones horribles. Le pido que me hable y me insulta y se ríe. No tengo más remedio que abrir la puerta.

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EL BUEN SENTIDO. César Vallejo

Mi madre me ajusta el cuello del abrigo, no porque empieza a nevar, sino para que empiece a nevar.

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LA OVEJA NEGRA. Augusto Monterroso

En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra.

Fue fusilada.

Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.

Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.

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LA TELA DE PENÉLOPE O QUIÉN ENGAÑA A QUIÉN. Augusto Monterroso

Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto) casado con Penélope, mujer bella y singularmente dotada cuyo único defecto era su desmedida afición a tejer, costumbre gracias a la cual pudo pasar sola largas temporadas.

Dice la leyenda que en cada ocasión en que Ulises con su astucia observaba que a pesar de sus prohibiciones ella se disponía un vez más a iniciar uno de sus interminables tejidos, se el podía ver por las noches preparando a hurtadillas sus botas y una buena barca, hasta que sin decirle nada se iba a recorrer el mundo y a buscarse a sí mismo.

De esta manera ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba con sus pretendientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y no que Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo haber imaginado Homero, que, como se sabe, a veces dormía y no se daba cuenta de nada.

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PASIÓN ESDRÚJULA. Luisa Valenzuela

Penélope nictálope, de noche teje redes para atrapar un cíclope.

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¡ARRIAD EL FOQUE! Ana María Shua

¡Arriad el foque!, ordena el capitán. ¡Arriad el foque!, repite el segundo. ¡Orzad a estribor!, grita el capitán. ¡Orzad a estribor!, repite el segundo. ¡Cuidado con el bauprés!, grita el capitán. ¡El bauprés!, repite el segundo. ¡Abatid el palo de mesana!, grita el capitán. ¡El palo de mesana!, repite el segundo. Entretanto la tormenta arrecia y los marineros corremos de un lado a otro de la cubierta, desconcertados. Si no encontramos pronto un diccionario, nos vamos a pique sin remedio.

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EL POZO. José María Merino

Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años. Fue una de esas tragedias familiares que sólo alivian el tiempo y la circunstancia de la familia numerosa. Veinte años después mi hermano Eloy sacaba agua un día de aquel pozo al que nadie jamás había vuelto a asomarse. En el caldero descubrió una pequeña botella con un papel en el interior. “Este es un mundo como otro cualquiera”, decía el mensaje.

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Si te han interesado y quieres conocer otros microrrelatos, puedes encontrar más AQUÍ.

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