La coma

20 Feb

Pon bien las comas

Muchachada estudiantina.

Ya lo he dicho en clase en varias ocasiones, pero creo que estará más claro si se ve con varios ejemplos.

La coma es un signo de puntuación imprescindible en los textos escritos. No vale con tirarlas al buen tuntún en el texto que hayamos escrito, sino que hay que colocarlas estratégicamente para que den pausa y respiro a la lectura y sentido a lo que queremos decir.

Os dejo por AQUÍ un enlace que recuerda en qué casos debe ponerse la coma.

En este sentido, os recuerdo una anécdota que se atribuye a la época del reinado de Carlos I (1516-1556). Según parece, el emperador debía firmar una sentencia que decía así:

“Perdón imposible, que cumpla su condena”.

Pero el monarca, según se cuenta, cambió la coma de sitio antes de firmar, quedando el texto así:

“Perdón, imposible que cumpla su condena”

Y de ese modo cambió la suerte de un desgraciado que estaba a punto de ser condenado.

Para subrayar aún más su importancia, el famoso escritor argentino Julio Cortázar escribía: “La coma, esa puerta giratoria del pensamiento”.
Llegados a este punto, seguro que ya sabéis la importancia de puntuar bien un escrito. Pero por si aún hay dudas, os dejo este cuento:

“Érase una vez, en un país lejano, un emperador que por una extraña enfermedad, estaba a punto de morir en su castillo. Antes de expirar escribió su testamento, en el que ponía a quién iba dirigida la herencia. ¿Cuál era el problema? Que el emperador no sabía la existencia de las comas. Y por eso sus dos hijos, Juan y Pedro, el jardinero y la gente del pueblo, no sabían para quién era la herencia. La carta del rey decía así:

Doy a mi hijo Juan la mitad del dinero jamás nunca darle a mi hijo Pedro la otra mitad no darle la paga al jardinero ni se os ocurra dar el dinero a la gente del pueblo.

Todos se quedaron confusos pues sin las comas ni otros signos de puntuación… ¿Cómo iban a saber para quién era la herencia? Cada uno lo leyó a su manera, pues todos querían tener la herencia para ellos solos.

De esta forma leyó el testamento Juan: Doy a mi hijo Juan la mitad del dinero, jamás nunca darle a mi hijo Pedro la otra mitad, no darle la paga al jardinero, ni se os ocurra dar el dinero a la gente del pueblo.

Así lo leyó Pedro: ¿Doy a mi hijo Juan la mitad del dinero? jamás nunca, darle a mi hijo Pedro la otra mitad, no darle la paga al jardinero, no se os ocurra dar el dinero a la gente del pueblo.

Mirad cómo lo leyó el jardinero: ¿Doy a mi hijo Juan la mitad del dinero? jamás nunca, ¿darle a mi hijo Pedro la otra mitad? no, darle la paga al jardinero, ni se os ocurra dar el dinero a la gente del pueblo.

Y de la siguiente manera leyó el testamento el pueblo: ¿Doy a mi hijo Juan la mitad del dinero? jamás nunca, ¿darle a mi hijo Pedro la otra mitad? no, ¿darle la paga al jardinero? ni se os ocurra, dar el dinero a la gente del pueblo.

Al final, nunca se supo a quién iba dirigida la herencia del emperador.”

Por último, os enlazo una entrada del blog Verne, perteneciente al diario El País, que localiza diversos gazapos y errores en el uso de las comas en prensa y publicidad. Creo que son ejemplos que os podrán ayudar para dar valor a este minúsculo pero importante signo de puntuación.

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