McroRLTs-1 En verano…

29 Sep

Aquí tenéis, en mi modesta opinión, los tres mejores microrrelatos del último ejercicio planteado en clase.

COMO UNA CABRA

Pepe se había hartado de la monótona vida que llevaba en la ciudad, así que decidió tomarse un respiro y pasar unos días en la casa de sus abuelos.

Sus abuelos tenían una casa en el campo. Allí, Pepe encontró tal sensación de paz y tranquilidad que, sin darse cuenta, los días se convirtieron en semanas y éstas en meses. Su abuelo le había dicho que no hacía falta cuidar del rebaño de cabras, pero Pepe insistió. Quería mezclarse con ese mundo, formar parte de él.

Ahora Pepe está sentado en el prado. Extiende la mano para coger una zanahoria. Sus dedos rozan con algo húmedo. El hocico de una cabra. Pepe no reacciona. La cabra coge la zanahoria y se aleja bajo su mirada. El muchacho reflexiona. Sonríe. La cabra le ha dado una lección. Tengo que luchar por mis sueños y no dejaré que nadie me los quite, justo como lo ha hecho la cabra. Pepe sigue repitiéndoselo mientras el animal se aleja masticando tranquilamente.

Adrián Mencu


MAZMORRAS Y DRAGONES

El segundo día que estuvimos en la playa, fuimos a dar una vuelta después de pasar la tarde en el mar.

Cogimos un tren que nos llevó hasta un castillo, muy lejos de donde nos alojábamos. Entramos en él y el guía nos condujo hasta las cuevas de tortura. Pasé mucho miedo con las cosas que vi, pero estaba con mi familia y eso me tranquilizó.

Después de las mazmorras dimos una vuelta por la playa, por todo el paseo marítimo. Ya era muy tarde y no había apenas gente, pero todos los que quedaban hacían figuras de arena (la que más me gustó fue la de un dragón que tenía dos velas en lugar de ojos).

Aquella noche tuve pesadillas…

Sonia Santiuste


VACACIONES PERDIDAS

Nuestro barco salió el 25 de junio, según lo previsto; nos dirigíamos a una isla del golfo de México. Temíamos que el tiempo empeorase y fue así, lo hizo de una forma brutal y estuvimos a la deriva unos dos días. Lejos de poder atracar, tras un aparatoso choque encallamos en un arrefice. Pudimos llegar a la playa y montamos unas tiendas de campaña. Nuestra estancia parecía que iba a ser prolongada. Al tercer día la falta de agua y comida nos empezó a pasar factura. Varias veces nos pareció ver barcos y oir aviones pero eran simples alucinaciones. Hemos perdido la esperanza. Dejo este mensaje para nuestros “rescatadores”.

Evelin Negrila

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